jueves, 13 de marzo de 2008

La fotografía de la pesadilla

La cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión
Foto ganadora del Premio Pulitzer, de una niña sudanesa rendida por el hambre mientras un buitre espera al acecho, del fotógrafo Kevin Carter.

La imagen de ese buitre acechando a una niña moribunda en África le persiguió en vida. Con ella atrapó el Pulitzer, pero también la maldición de una pregunta: “¿Qué hiciste para ayudarla?”. A Kevin Carter, cronista gráfico de la Sudáfrica del 'apartheid', la presión le empujó al suicidio. Un periodista testigo de aquellos años rememora su figura.


Un hombre blanco perfectamente bien alimentado observa cómo una niña africana se muere de hambre ante la mirada expectante de un buitre. El hombre blanco hace fotos de la escena durante 20 minutos. No es que las primeras no fueran buenas, es que con un poco de colaboración del ave carroñera le salía una de premio, seguro. Niña famélica con nariz en el polvo y buitre al acecho: bien; no todos los días se conseguía una imagen así. Pero lo ideal sería que el buitre se acercara un poco más a la niña y extendiese las alas. El abrazo macabro de la muerte, el buitre Drácula como metáfora de la hambruna africana. ¡Ésa sí que sería una foto! Pero el hombre esperó y esperó, y no pasó nada. El buitre, tieso como si temiera hacer huir a su presa si agitara las alas. Pasados los 20 minutos, el hombre, rendido, se fue.

No se debería de haber desesperado. Una de las fotos se publicó en la portada de The New York Times y acabó ganando un premio Pulitzer. Pero incluso así se desesperó. Y mucho. El hombre blanco era un fotógrafo profesional llamado Kevin Carter. A los dos meses de recibir el premio en Nueva York se suicidó.

Hay dos preguntas. La primera, ¿por qué se suicidó? La segunda, ¿por qué no ayudó a la niña? La respuesta a la primera es relativamente fácil. La respuesta a la segunda es más interesante. Remontemos.

Kevin Carter nació en Sudáfrica en 1960, dos años antes de que Nelson Mandela empezara su condena de 27 años de cárcel. Al llegar a la adolescencia empezó a entender que ser blanco en Sudáfrica significaba ser una de las personas más privilegiadas de la Tierra y, al mismo tiempo, cómplice de una atroz injusticia. Cumplidos los 24 años, Carter descubrió que el periodismo era el terreno donde libraría su guerra particular contra el apartheid.

Comenzó su carrera en 1984, cuando las poblaciones negras en las periferias de las grandes ciudades -como Soweto, que estaba al lado de Johanesburgo- se convirtieron en campos de batalla. Jóvenes militantes negros, cuya única fuerza residía en su ventaja numérica, lanzaban piedras a los policías y a los soldados, que respondían con gases lacrimógenos, balas de goma o balas de verdad. Cientos murieron, miles fueron encarcelados. Soweto ardía, y allá, casi permanentemente instalado, estaba Carter, fotógrafo novato de The Johannesburg Star, expiando su culpa.

La gran ironía de la historia reciente de Sudáfrica es que cuando salió Mandela de la cárcel en 1990, cuando empezó el proceso de paz que condujo cuatro años después a la democracia, se desató una violencia mucho mayor. Durante casi la totalidad de aquellos cuatro años, Soweto y otra media docena de poblaciones negras en los alrededores de Johanesburgo vivieron una anarquía asesina demencial, nutrida por opositores al proyecto democrático, en la que murieron unos 12.000. Allí, una vez más, estaba Carter. Todos los días. Se presentaba temprano por la mañana a los campos de la muerte, como se presentan los oficinistas a sus lugares de trabajo.

Yo también me presentaba allí, pero con menos frecuencia y más tarde. Siempre que llegaba a estos lugares, en pleno tiroteo o minutos después de una masacre, ahí veía a Kevin Carter, sudado, polvoriento, bolso sobre el hombro, cámara en mano. A él y a sus tres amigos fotógrafos, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y João Silva. Les llamaban a los cuatro “el Bang Bang Club”. Hacían fotos espeluznantes y se exponían a peligros extraordinarios. Yo había llegado a Sudáfrica en 1989 tras seis años cubriendo las guerras de Centroamérica. Vi pronto que daba mucho más miedo estar en 1992 en un lugar como Tokoza o Katlehong, a escasos kilómetros de Johanesburgo, que en 1986 en los frentes del oriente de El Salvador o el norte de Nicaragua. Porque en los lugares donde los negros, animados por los blancos, se masacraban podía pasar cualquier cosa en cualquier momento y en cualquier lugar. Con un Kaláshnikov, una lanza, un machete o una pistola. Ahí trabajaba Carter. Ahí se pasaba desde las cinco de la madrugada hasta el mediodía haciendo fotos de gente matando y de gente muriendo.

Para poder hacer ese trabajo es necesario blindarse, armarse de una coraza emocional. No se puede responder a lo que uno ve como un ser humano normal. La cámara funciona como una barrera que lo protege a uno del miedo y del horror, e incluso de la compasión. Carter y sus tres camaradas dormían poco, además, y consumían drogas de todo tipo. Pasaban sus días y sus noches en un acelere mental y en un estado de anestesia emocional casi permanentes. Si se hubiesen detenido un instante a reflexionar sobre lo que hacían, si hubiesen permitido que los sentimientos penetraran la epidermis, habrían sido incapaces de hacer su trabajo. El entorno era alocado, pero el trabajo era importante. Si se hubieran quedado en sus casas o se hubieran expuesto a menos peligro, habría habido más muertos, menos presión política para acabar con la violencia. Ésta era la contribución de Carter a la causa de sus compatriotas negros.

En marzo de 1993 se tomó unas vacaciones de Tokoza y Katlehong y se fue a Sudán. Ahí, apenas aterrizar, es donde vio a la niña y el buitre. Respondió con el frío profesionalismo de siempre. No habría podido elegir otra manera de actuar. Estaba programado, anonadado. El único objetivo era hacer la mejor foto posible, la que tuviera más impacto. Ahí empezaba y terminaba su compromiso. La lógica era muy sencilla: si hacía una foto potente, se beneficiaría a sí mismo, pero también ampliaría la sensibilidad de los seres humanos en lugares lejanos y tranquilos, despertando en ellos aquella compasión -precisamente- que en él estaba necesariamente adormecida.

Por eso no hizo nada para ayudar a la niña. Porque si la hubiera ayudado, no habría podido hacer la foto. Porque había llegado al límite de sus posibilidades.

El problema era que la gente normal, empezando por su propia familia, no lo entendía. Fuera donde fuera, le hacían la misma pregunta. “Y después, ¿ayudaste a la niña?”. Se convirtió en un agobio, una pesadilla. Los únicos que no le hacían la pregunta, porque para ellos no era necesario hacerla, eran los amigos del Bang Bang Club.

En abril de 1994 le llamaron desde Nueva York para decirle que había ganado el Pulitzer. Seis días después, su mejor amigo, Ken Oosterbroek, murió en un tiroteo en Tokoza. Toda la emoción reprimida a lo largo de cuatro años salvajes explotó. Carter se quedó destruido. Lloró como nunca y lamentó amargamente que la bala no hubiera sido para él.

El mes siguiente voló a Nueva York, recibió el premio, se emborrachó, incluso más de lo habitual, y volvió a casa. La guerra se había terminado. Mandela era presidente. Sudáfrica tuvo su final feliz, pero la vida de Carter dejó de tener mucho sentido. Quizá en parte porque el peligro de la guerra había sido su droga más potente, la que le había creado mayor adicción. Siguió trabajando, pero, perseguido por la muerte de su amigo y -ahora que se había quitado la coraza- la angustia moral retrospectiva de la escena con la niña sudanesa, se hundió en una profunda depresión. No podía trabajar, o si lo intentaba, caía en errores absurdos. Llegaba tarde a entrevistas, perdía rollos de fotos que ya había hecho. Y tenía problemas en casa: deudas, desamor...

El 27 de julio de 1994, exactamente tres meses después de las primeras elecciones democráticas de la historia de su país, Carter se fue a la orilla de un río donde había jugado cuando era niño, antes de que supiera lo que era el apartheid, el sufrimiento, la injusticia. Y ahí, por fin, dentro de su coche, escuchando música mientras inhalaba monóxido de carbono por un tubo de goma, logró la paz, la anestesia final de la muerte.

Entre el compromiso y el registro
En 1994, el genial fotógrafo documentalista sudanés Kevin Carter ganó el premio Pulitzer de fotoperiodismo con una fotografía tomada en la región de Ayod (una pequeña aldea en Sudan), que recorrió el mundo entero. En la imagen puede verse la figura esquelética de una pequeña niña, totalmente desnutrida, recostándose sobre la tierra, agotada por el hambre, y a punto de morir, mientras que en un segundo plano, la figura negra expectante de un buitre se encuentra acechando y esperando el momento preciso de la muerte de la niña.Al recibir el premio, Carter declaró que aborrecía esa fotografía: “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a laniña”.

Tomado de ElPaís.com

¿Para qué estamos en el mundo?

Fue Calvino quien formuló la pregunta básica: “¿Cuál es el objetivo primordial de la vida humana?”. Y su lapidaria respuesta, en el cate­cismo de Ginebra de 1547, reza: “C'est de cognoistre Dieu”: “Cono­cer a Dios”. Yo mismo, como tantos otros, aprendí de memoria en mi juventud la siguiente respuesta que daba el conocido catecismo cató­lico de ]oseph Deharbe, S.]. (1847) a la pregunta de por qué estamos en este mundo: “Estamos en el mundo para conocer a Dios, amarle, servirle y así llegar al cielo”.

Hoy en día hay tantas personas que no le ven ningún sentido a la vida; hay tanta gente con enfermedades psíquicas, con vacío existen­cial. Y sin embargo, ya sean calvinistas o católicas, tales respuestas no convencen hoy, por su limitación, ni siquiera a quienes tienen con­vicciones religiosas. Lo cual no quiere decir que haya que tirar defi­nitivamente por la borda esas fórmulas tradicionales, sino que habría que completadas desde otra perspectiva, deshaciéndolas y rehacién­dolas de nuevo. ¿Ir al cielo? ¿No tenemos antes que hacer frente a nuestras responsabilidades aquí en la tierra? También los cristianos están convencidos hoy de que el sentido de la vida no es sólo, en abs­tracto, “Dios” o “lo divino”, sino el hombre como tal, lo universal­mente “humano”. No sólo el cielo, como lejana bienaventuranza, sino también la tierra, como bienaventuranza concreta y terrenal. No sólo “conocer a Dios”, “amar a Dios”, “servir a Dios”, sino también realizarse, desarrollarse, amar al prójimo, al cercano y al lejano. Y también habría que incluir en todo ello, evidentemente, el trabajo diario, la vida profesional, y sobre todo, por supuesto, las re­laciones humanas. ¿Y cuántas cosas no habría que añadir si se qui­siera aplicar una perspectiva “holista”, total, de la vida?

Pero, a la inversa, y precisamente desde una perspectiva total, hay que preguntarse si el sentido de la vida, la felicidad, una vida plena, se encuentran solamente en el trabajo, en los bienes materiales, el lucro, el triunfo profesional, el prestigio, el deporte y el placer. El ansia de dominio, el deseo de placer, la obsesión del consumo ¿pueden dar la felicidad a una vida humana, con todas sus tensiones, rupturas, conflictos? No nos llamemos a engaño: el ser humano es algo más, eso lo sabe todo aquel que ha llegado a los límites de todas sus activida­des. Esa persona se ve confrontada entonces con la siguiente pregun­ta: ¿qué soy yo cuando ya no puedo rendir, cuando soy incapaz de realizar ninguna actividad? Debemos, en efecto, estar alerta para que las constricciones[1] de la técnica y la economía, para que los medios de comunicación, que dominan de forma creciente nuestra vida diaria, no nos hagan perder nuestra “alma”, nuestra existencia como sujeto personal y responsable. Debemos estar alerta para no convertimos en puro instinto, en puro placer, en puro poder, en hombres-masa, y tal vez en pura inhumanidad. La meta irrenunciable será conseguir ser auténticamente hombre, auténticamente humano. Auténticamente humano: tal podría ser la descripción elemental, lapidaria, del sentido de la vida que podrían compartir hoy hombres de la más diversa procedencia, nacionalidad, cultura y religión.

¿Y el cristiano? ¿La existencia cristiana no es algo más que la exis­tencia humana? Pero los cristianos no ponen hoy en duda que un cris­tiano haya de ser auténticamente hombre y luchar por un mundo humano, por la libertad, la justicia, la paz y la conservación de la creación. Lo cristiano nunca ha de implicar menoscabo de lo humano. Ser cristiano no es “más” que ser hombre, en sentido cuantitativo; los cristianos no son superhombres. Pero lo cristiano sí puede implicar la ampliación, profundización, arraigamiento, más aún, radicalización de lo humano, al basar esa calidad humana en la fe en Dios y al tener como modelo de vida a Jesucristo.
Visto así, el cristianismo puede ser entendido como un humanis­mo perfectamente radical que, en esta tan contradictoria vida huma­na, en esta sociedad tan conflictiva, no sólo da su asentimiento a todo lo verdadero, bueno, bello y humano, como se decía antes, sino que también abarca inevitablemente valores no menos reales: lo no­-verdadero, no-bueno, no-bello, incluso lo no-humano. El cristiano no puede eliminar todos esos valores negativos (sería una funesta ilusión que, haciendo caso omiso del hombre como tal, implicaría la forzosa obligación de ser feliz), pero sí puede combatidos, conllevados, trans­formados. En resumen, ser cristiano significa practicar un humanismo que consigue asimilar no sólo todo lo positivo sino también todo lo negativo: sufrimiento, culpa, carencia de sentido, muerte, yeso debi­do a una última e inquebrantable confianza en Dios, una confianza que se basa no en los propios méritos, sino en la misericordia divina.

¿No será esto también una ilusión ajena a la realidad? No: esto ya lo vivió quien ha de ser guía de los cristianos, “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6), y que lo vivió con esa fundamental radicalidad de lo humano. Sobre esa base religiosa debe ser posible alcanzar la pro­pia identidad psíquica, liberándonos de la angustia, pero también la solidaridad social, liberándonos de la resignación causada por las servidumbres objetivas. Más aún: con esa fe que confía debería ser po­sible hallar un sentido a la vida incluso allí donde tiene que capitular la razón pura, en vista del sufrimiento absurdo, de la miseria incon­mensurable, de la culpa imperdonable. En otra ocasión he resumido lo esencial del cristianismo en una breve fórmula que desde entonces me ha ayudado a caminar por una vida de penas y alegrías, de éxito y dolor:

Siguiendo a Jesucristo
el hombre puede, en el mundo de hoy,
vivir, obrar, sufrir, morir,
de modo auténticamente humano,
en la dicha y la desdicha, en la vida y en la muerte,
sostenido por Dios y ayudando a los hombres.

El credo también apunta, en último término, a un nuevo sentido de la vida y a una nueva manera de obrar, a un camino alimentado por la esperanza, basado en la fe y consumado en la caridad. Fe, es­peranza, amor: esta fórmula puede resumir, para un cristiano, el sentido de la vida, “pero la mayor de todas es el amor” (1 Cor 13,13).

[1] Del verbo constreñir: Obligar, precisar, compeler por fuerza a alguien a que haga y ejecute algo. Oprimir, reducir, limitar.
Tomado de "Credo", Hans Küng.

lunes, 25 de febrero de 2008

El festín de Babbete

En 1871, durante la guerra Francia - Prusia, Babette pide asilo en el en el alejado hogar de dos hermanas que vieven en un pueblo danés. Después de 14 años de servicio, Babette pide un favor: que le permitan organizar una cena francesa en honor del aniversario de nacimiento del padre (ya difunto) de las hermanas Filippa y Martine.

Trabajo para la semana del 3 al 7 de marzo (se envía a mjduron@gmail.com)

a) Reele el documento de Luis González - Carvajal ¿Quién es un cristiano?

b) Tomando en cuenta las ideas de este texto y de acuerdo a la película, elabora un ensayo que responda las siguientes preguntas:

· ¿Cuál es la situación que plantea la película? ¿Cómo se desarrolla? ¿Qué símbolos usa?
· ¿Cómo viven o enfrentan esta situación los presonajes?
· ¿Qué soluciones plantea la película a la situación ?
· ¿Cómo se realiza el desenlace en el final de la película? ¿Qué cosas no toca o deja sin resolver?

Requisitos del trabajo:
a) de Formato: Datos personales en el attachment o asunto en el e-mail y en el trabajo para ubicarlo fácilmente (nombre y grupo); título del trabajo; tipo de letra Arial tamaño 12; espaciado 1.5; extención máxima 750 palabras (mínima 500); buena ortografía (de 15 a 20 errores dependiendo de la extensión).
b) de Contenido: vinvulación explícita de la película con el texto; estructura gramatical adecuada, capacidad de aplicación, análisis y síntesis, conclusión (sobre la película, el trabajo, las ideas reflexionadas y/o lo aprendido.
¿Dudas? Pregunta o envía un correo.
El título de este archivo es un vínculo a un sitio donde se encuentra un comentario a la película.

¿Quien es un cristiano?

Una historia de los tiempos de Jesús cuenta que un día se presentó un pagano al célebre rabino Schammay y le dijo que se convertiría a la religión judía si era capaz de explicarle su contenido en el tiempo que es posible permanecer apoyado sobre un solo pie. No nos importa aquí lo que respondió el rabino, sino pensar qué respuesta daríamos nosotros si alguien nos preguntase por el cristianismo en los mismos términos.

¿Una moral más exigente?
La Constitución soviética de 1936 dice en su artículo 12: "El trabajo en la U.R.S.S. es, para todo ciudadano apto, un deber y un honor, según el principio: 'El que no trabaja, no come".

Su notable semejanza con el principio paulino ("Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma": 2 Tes 3, 10) nos lleva a preguntarnos si no será inútil querer definir al cristianismo por unos contenidos éticos específicos. Aun seleccionándolos entre los que parecen más originales (el amor a los enemigos, por ejemplo), siempre acabaremos encontrando alguien que los defienda fuera de la Iglesia y quizá, incluso, quien los viva mejor que nosotros (piénsese en Gandhi).

Desde luego, se podría observar negativamente la falta de fe del que obra (o al menos su incoherencia), puesto que la fe -si bien no señala un camino específico- veta algunos caminos que otros hombres sí creen poder recorrer. Siempre que se instrumentalice al hombre, siempre que se quiera utilizar medios malos para alcanzar fines buenos, etc., la fe veta.

Pero cuando las obras están “bien hechas”, es inútil querer encontrar en ellas un “sello” especial que distinga las que fueron realizadas por cristianos: no existe la física cristiana, ni la paternidad cristiana, ni la política cristiana…Las obras exteriores del hombre éticamente maduro coincidirán con las del cristiano responsable. Esta convicción fue expresada ya en el antiquísimo Discurso a Dogneto:

"Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su habla, ni por sus costumbres. Porque ni habitan ciudades exclusivas suyas, ni hablan una lengua extraña, ni llevan un género de vida aparte de los demás (...), sino que, habitando ciudades griegas o bárbaras, según la suerte que a cada uno le cupo, y adaptándose en vestido, comida y demás género de vida a los usos y costumbres de cada país, dan muestras de un tenor de peculiar conducta, admirable, y, por confesión de todos, sorprendente. Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraña es para ellos patria; y toda patria, tierra extraña. Se casan como todos, como todos engendran hijos...".

¿Cristianos "malgré leurs”?[1]
Si la vida exterior del cristiano y la del no cristiano no tiene por qué distinguirse positivamente, si el no cristiano puede hacer obras tan buenas como el cristiano, ¿no deberíamos deducir de ahí que muchos hombres son cristianos sin saberlo?

Ya desde antiguo se planteó esta cuestión. Por ejemplo, San Gregorio Nacianceno, con ocasión de la muerte de su padre –convertido tardíamente a la fe cristiana- decía:

“Él, aún antes de haber llegado a nosotros, ya era nuestro. Se identificaba con nosotros por sus costumbres. Porque, así como muchos de los nuestros no lo son en realidad, alejados del cuerpo común por su modo de vivir, así, por el contrario, muchos de los que están fuera son nuestros, en tanto que anticipan la profesión de fe con su estilo de vida. Sólo les falta el nombre, pues tienen la sustancia de la cosa. También mi padre era de éstos, rama ajena pero orientada dinámicamente hacia nosotros pos su estilo de vida".

De hecho, no pocos teólogos han dado ese paso. Karl Rahner habló en otro tiempo de los "cristianos anónimos"; Paul Tillich, de la "Iglesia latente"; Edward Schillebeeckx, de la "fe implícita"; Jacques Grand'Maison, de "una Iglesia fuera de la Iglesia"...

Es cierto que los defensores del cristianismo anónimo no pretenden utilizar tal nomenclatura cuando están hablando con un incrédulo, sino solamente en el lenguaje intracristiano, pero no es menos cierto que inevitablemente trasciende y en ningún sitio se encontrará un ateo, musulmán o hinduista serio que no considere una insolencia verse convertido en cristiano "malgré lui", sin su consentimiento.

Todavía resultará más intolerable si, dando un paso más, a los "cristianos indignos" nos permitimos llamarlos "ateos anónimos"; con lo cual convertimos a todos los hombres buenos, quieran o no, en cristianos, y a todos los malos, quieran o no, en ateos.

¿Qué pensaríamos nosotros si un budista nos considerara benevolentemente como "budistas anónimos"? De hecho, ya Feuerbach nos trató de "ateos anónimos": "Mi ateísmo -escribió- no es otro que el inconsciente y efectivo ateísmo de la humanidad y la ciencia moderna, pero hecho consciente, explícito, declarado."

Pues bien, aun cuando sea cierto que todos podemos tener convicciones inconscientes diferentes de las que conscientemente profesamos, creemos que es necesario respetar en cada cual lo que dice ser, so pena de que todos seamos capitalizados por cualquier creencia o increencia como adeptos inconscientes.

La lección de teología de un marxista
Ya hemos visto por qué no parece acertado pastoralmente hablar de "cristianos anónimos". Demos ahora un paso más: ¿Qué decir teológicamente de semejante expresión?

En los años setenta, un reconocido filósofo marxista Roger Garaudy, sorprendió a propios y extraños. Este hombre –que había dicho en 1965: “He aprendido a respetar la fe cristiana, que, no obstante, nunca compartiré”- publicó en 1972 un libro que terminaba así:

"Durante toda mi vida me he preguntado si yo era cristiano. Durante cuarenta años me he respondido que no. Porque el problema estaba mal planteado: Como si la fe fuera incompatible con la vida del militante. Ahora sé que ambas se unifican. Y que mi esperanza de militante no tendría más fundamento que esa fe."

Sin embargo, tres años después, respondiendo a una pregunta en un debate organizado por las A.C.L.I. (Associazione Cattolica Lavoratori Italiani), rectificó:

"Si digo que no soy cristiano es por un motivo para mí fundamental: Yo no consigo rezar. La oración plantea la suposición de que se discute, de que se está en diálogo con alguien; yo no he hecho nunca esta experiencia; lo siento. La experimento, la siento como una disminución esta esperanza fallida. He aquí por qué no me atrevo a decir que soy cristiano”.

Así, pues, en un primer momento Garaudy pensó que durante cuarenta años había sido un "cristiano anónimo", pero pronto se corrige a sí mismo: Ni antes ni después ha sido cristiano porque, aunque sus convicciones coinciden con las del cristianismo, no ha tenido nunca una experiencia personal de Jesucristo: No consigue rezar.

Y es que, en efecto, resulta insuficiente una relación con Jesús definida sólo por tomar el relevo de su "causa" de justicia y libertad para todos los hombres. Sabiendo que no hay que confundir la fe con las creencias, ni con sus exigencias éticas; que la fe, antes que nada -lo vimos en el capítulo anterior- es el encuentro personal con Cristo, hablar de "fe implícita" es tan contradictorio como decir "círculo cuadrado" o "hierro de madera".

Desde el Nuevo Testamento los cristianos se han caracterizado por el reconocimiento explícito de Cristo; por la confesión de su nombre. Son los que "confiesan con su boca que Jesús es Señor y creen en su corazón que Dios le resucitó de entre los muertos" (Rom 10, 9). Es verdad que no sirve para nada limitarse a decir "Señor, Señor" (cfr. Mt 7, 21), pero decir "Señor" es el rasgo distintivo del cristiano.

El cristianismo es opción personal. No es una especie de "convenio colectivo" que coge a todos los hombres buenos por el hecho de serlo, quieran o no. Si estiramos tanto la palabra "cristiano" que llega a ser sinónimo de "hombre justo", o estiramos tanto la palabra "oración" que acaba identificándose con la vida, etc., hemos convertido en inútil el lenguaje. Hablar de "fe implícita" o de "cristianismo anónimo" es en muchos hombres la confesión desoladora de una total inexperiencia de Dios. Y es importante señalar esto, porque en bastantes cristianos está empezando a hacerse realidad lo que había preconizado Feuerbach: La teología cristiana deviene antropología y se hace incapaz de decir Dios a los hombres.

Es evidente que Dios actúa también en los no creyentes. San Clemente de Alejandría decía bellamente: Homero profetiza sin proponérselo, Platón se expresa como discípulo del verbo, los poetas han sido catequizados por el Espíritu. Y el Concilio Vaticano II lo afirma repetidas veces que en los pueblos no cristianos hay también "verdad y gracia" debidas a una "secreta presencia de Dios"; que las demás religiones tienen no poco de "bueno y verdadero" "por divina disposición"; hasta el punto que "la Iglesia lo juzga como una preparación al Evangelio". En otro lugar afirma que Dios ha puesto "semillas de contemplación" en "las antiguas culturas antes de la predicación del Evangelio". Pero sólo cuando el hombre, tomando conciencia explícita de esa presencia de Dios en su vida, proclama con la boca a Jesús de Nazaret como su Salvador podemos decir que ese hombre es cristiano.

Hacemos nuestras las siguientes tesis de Hans Küng:
1. No es cristiano todo lo verdadero, bueno, bello y humano. Nadie puede negarlo: También fuera del cristianismo hay verdad, bondad, belleza y humanidad. Sin embargo, es legítimo llamar cristiano a todo lo que, en la teoría y en la praxis, tiene una relación positiva y expresa con Jesucristo.

2. No es cristiano todo hombre de verdadera convicción, sincera fe y buena voluntad. Nadie puede olvidarlo: También fuera del cristianismo hay verdadera convicción, sincera fe y buena voluntad. En cambio, es legítimo llamar cristianos a todos aquellos cuyo vivir y morir está últimamente determinado por Cristo.

3. No es Iglesia cristiana todo grupo de meditación o de acción, toda comunidad de hombres comprometidos que, para salvarse, procuran llevar una vida honesta. Jamás se debería haber puesto en duda: También en otros grupos fuera de la Iglesia hay compromiso, acción, meditación, honradez de vida y salvación. En cambio, es legítimo llamar Iglesia cristiana a toda comunidad, grande o pequeña, de personas para las cuales sólo Jesucristo es el último determinante.

4. No hay cristianismo en todas partes en que se combate la inhumanidad y se realiza la humanidad. Es una verdad manifiesta que fuera del cristianismo -entre judíos, musulmanes, hindúes y budistas, entre humanistas poscristianos y ateos declarados- se lucha contra la inhumanidad y se promueve la humanidad. Sin embargo, no hay cristianismo más que donde, en la teoría y en la praxis, se activa el recuerdo de Jesucristo."

Lo específico cristiano
Ahora podemos resumir nuestras conclusiones:

El cristiano no se distingue de los demás por las obras exteriores que realiza, pero sí por su interioridad de creyente: por su fe en Jesús de Nazaret. Eso es lo específico cristiano. El creyente hará las mismas cosas que el no creyente, pero sus motivaciones se basan en la fe, la cosmovisión en que encuadra su compromiso procede de la fe, el sentido de su vida se lo ha dado la fe.

En cuanto a los hombres honestos que rechazan el cristianismo, respetamos lo que quiren y declaran ser. No les hacemos ni buscar ni encontrar a Dios a pesar suyo. Sin embargo, nos atrevemos a expresar con sencillez nuestra fe: nuestro Dios les busca, y sin duda les encuentra, por caminos que nosotros ignoramos.


[1] Traducción: se refiere “a pesar de ellos”, es decir, de ellos como personas.

Tomado de "Esta es nuestra fe. Teología para universitarios". Luis González Carvajal.

viernes, 15 de febrero de 2008

PARA TODOS

Lleva tu BIBLIA al examen el día que te corresponda.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Para el Examen Bimestral - Avisos

En las últimas semana el servidor de la escuela se ha "colapsado" de manera que algunos de sus trabajos enviados no llegaron a mi correo.

Te pido que todo trabajo, tarea o duda vaya dirigido a a mi nueva dirección de correo mjduron@gmail.com ("eme"-"jota"duron...)
De la manera más atenta te pido que el día del examen lleves una PLUMA DE TINTA AZUL, no es por chiflado, sino que son muchos los exámenes y trabajos que tengo que revisar y es MUCHO MÁS FÁCIL leer las respuestas en TINTA AZUL pues resaltan, a diferencia de la tinta negra.

Contenido para estudiar
  • Lectura ¿Qué significa Creer? (Hans Küng)
  • Lectura: La Fe: ¿conocimiento o sensación de Dios? (Luis González-Carvajal)
  • Dei Verbum (contenido de la Constitución Dogmática y Síntesis expuesta en la clase)
Recuerda que el valor del examen es 40% de la calificación.

El día del examen te pido que llegues con la Auto Evaluación que incluya
(ya sea en viñetas o en un texto, puede ser en hoja recliclada, pero NO ESCRITO CON LÁPIZ)
  • Aprovechamiento
  • Participación
  • Interés
  • Desempeño.
Como aclaración: Alguien que llega tarde, que no entrega entrega a tiempo los trabajos, que se duerme en clase o se la pasa platicando, haciendo otra cosa o haciendo NADA, evidente que no puede tener nota alta en la Auto Evaluación.
La Auto evaluación se entrega antes de iniciar el examen.

martes, 29 de enero de 2008

6 - 5 Equipos para la Exposición

Lee el documento "Consideraciones generales..."

El trabajo se entrega el viernes 22 de febrero vía email (mduron@ict.edu.mx)

El 8 de febrero presentan los equipos 1 a 4.
El 14 de febrero presentan los equipos 5 a 7.

Equipo 1
Aguilar Hernández María Fernanda
Heredia Cruz Luz Andrea
Ramírez Zavala Nelly Alejandra

Equipo 2
Alanis López Sheila Zulema
Heredia Zubieta Ana Lucía
Rivera Guillén Ximena

Equipo 3
Aviña Zapata Marissa
Hernández Inglés Erick Francisco
Rodríguez López Rocío Del Carmen

Equipo 4
Castañeda Barrera Luis David
Maldonado Mijares Marisol Silvia
Sánchez Cid Sonia Fernanda

Equipo 5
Castillo Eguileta Emely
Martínez Carrillo Alejandro
Santin Flores Silvia

Equipo 6
Chávez Latofski Estefanía
Mennah Govela Yamile Alejandra
Villa Meléndez Verónica

Equipo 7
Galván Sánchez Sara
Moses Sánchez José Gerardo

6 - 4 Equipos para la Exposición

Lee el documento "Consideraciones generales..."

El trabajo se entrega el jueves 7 de febrero vía email (mduron@ict.edu.mx) Si algún equipo tiene dificultad, avíseme con tiempo.

El 7 de febrero presentan los equipos 1 a 5.

El 14 de febrero presentan los equipos 6 a 10.

Equipo 1
Aguirre Chávez Héctor
Gorbea Hinojosa María Teresa
Ostos González Gerardo
Rosales Ramírez Ximena Izalia

Equipo 2
Cantú Rodríguez Sonia Florentina
Casanova Arteaga Samuel Alfonso
Martínez García Melina Patricia
Piña Plaza Luis Aurelio

Equipo 3
Castro Amor Raúl Alejandro
García Martínez Brenda Marylu
Huerta Romo Mayra Alejandra
Robles Betancourt Marco Antonio

Equipo 4
Barreda Zamora Beatriz Elena
Cossio Govea César David
Herrera Paredes Marian
Rocha Jiménez Juan Luis

Equipo 5
Aradillas Flores Violeta Yazmín
Elizondo Costa María Lucía
Espinosa Flores José Joaquín
Velazco Cárdenas Martín Fernando

Equipo 6
Chapus Fonseca Jaqueline Michelle
Flores Morales Efren Francisco
González Hidalgo María Teresa

Equipo 7
Gómez Pérez Denise
Guerrero Adame Fernando
Rodríguez Guerra Cristina Marcela

Equipo 8
García Mendo Melissa
Llerena Martín Del Campo Héctor M
Ríos Jiménez Ana Cristina

Equipo 9
Camacho Gómez Beatriz
Meza Quintanilla Alejandra
Núñez De Cáceres Estrada José L

Equipo 10
Méndez Arteaga Alejandra
Núñez Peña Lamas Diego Alonso
Ramírez Espiricueto Sandra Angélica

6 - 3 Equipos para la Exposición

El trabajo del resumen de la Dei Verbum se envía por email a mduron@ict.edu.mx antes de las 11:00 am del 6 de febrero, si alguien tiene problemas para enviarla ese día, pida una prórroga.

Lee el documento "Consideraciones generales...."
De acuerdo al número de tu equipo es el tema que te toca exponer.

Los equipos 1 a 5 presentan el día 6 de febrero. Si alguien del equipo va a participar en el taller de misiones, puede cambiar la fecha de presentación (no cambiarse de equipo) con alguien del 13.
Los equipos 6 a 10 el 13 de febrero.

Equipo 1
Almaguer Arámbula Luis José
Eng Obando Joyce
Pedraza Rubio Guillermo
Torres Díaz Arantza Zu

Equipo 2
Angeles San Martin Andrés De J
Delgado Rivera Karen Estefanía
Quiroga Acevedo Alessandra
Sánchez Manzur Antonio

Equipo 3
Azpeytia Obele Erick
Cardin Garza Alda
Palma Valdés María Fernanda
Senties Barrios Alejandro

Equipo 4
Belfort Martínez Lorena
Deschamps Pinete Ricardo
Ortíz Melo Mercedes
Valadez Cabrero José Gilberto

Equipo 5
Azúa Montoya Michel
Elizondo Ramon Jorge Ernesto
Núñez López María Fernanda
Velderrain Ramírez Diego

Equipo 6
Jiménez Soriano Jorge Armando
Noble Carmona María Susana
Villaseñor Barrera Rafael

Equipo 7
Martínez Flores Erick Gerardo
Morales Rodríguez Ivonne
Violante Cumpa Jorge Rafael

Equipo 8
Luna García Bertha
Melo Y Ramírez Andrés
Zárate Serrano Marianna

Equipo 9
López De La Rosa Blanca Denisse
Montaño Reyes Luis Ignacio
Treviño Barrios Mónica

Equipo 10
González Hernández Ruth Gisela
Moreno Miranda Enrique
Torres Díaz Carmen Adriana.

6 - 2 Equipos para la exposición

Sobre el trabajo de la Dei Verbum:
Como a la hora de la clase fue la intervención del ITESO, la entrega del resumen de la Dei Verbum se hará de la siguiente manera:

Los integrantes de los equipos 6 a 10 lo envían a mi correo el 5 de febrero o antes.
Los integrantes de los equipos 1 a 5 lo envían a mi correo el 12 de febrero o antes.
Correo: mduron@ict.edu.mx

Las citas que faltan son las siguientes:
Apartado 14: Gen 15, 18; Ex 24, 8; Salmo 22,96; Is 2, 1 – 4; Jer 3, 16; Rom 15, 4

Apartado 15: Lc 24, 44; Jn 5, 39; 1 Pe 1, 10; 1 Cor 10, 11

Apartado 16: Lc 22, 20; 1 Cor 11, 25; Mt 5, 17; Lc 24, 27; Rom 16, 25 – 26; 2 Cor 3, 14 – 16

Apartado 17: Rom 1, 16; Gal 4, 4; Jn 1, 14; Jn 12, 32; Jn 6, 68; Ef 3, 4 – 6;

Apartado 19: Hch 1, 1 – 2; Lc 1, 2 - 4

Apartado 20: Mt 28, 20; Jn 16, 13

Apartado 21: Hbr 4, 12; Hch 20, 32; 1 Tes 2, 13

Apartado 25: Flp 3, 8

Apartado 26: Is 40, 8; 1 Pe 1, 23 - 25.

Equipos para las exposiciones:

Lee las "Consideraciones generales..."

El número del equipo es en número del tema.

Equipos que presentan el 5 de febrero
Equipo 1
Acosta Florencia Alfredo
Beaven Calderón Laura Patricia
López Castillo Ricardo
Rivera Reyes Aldo

Equipo 2
De La Rosa Mohamed Mario Alberto
Flores Etienne Leslie
López López Roberto Iván

Equipo 3
Delgadillo Chabolla Gabriel Alejandro
Gómez Contreras Anna Rosa
López Padilla Raúl Antonio

Equipo 4
Escobar Mercado Esteban Eduardo
Gómez De La Cruz María Fernanda
Manrique Gutiérrez Rodrigo

Equipo 5
Fernández Medellín Ramón
López Echartea Eglantina
Naranjo Padilla José Rodrigo

Equipos que presentan el día 12 de Febrero
Equipo 6
Flores Revilla Andrés Alejandro
Martínez Reséndez Karen Celeste
Narro Vallejo Arturo

Equipo 7
Gálvez Ramos Fernando
Nader Valencia Ana Karen
Nossiff Sepulveda Daniel Alejandro

Equipo 8
García Rivas Jesús Dario
Patiño Wild Jorge Isaac
Rendón Hernández Ana Patricia

Equipo 9
Garmendia Cárdenas Gerardo
Ramírez Maldonado Jesús
Vela Eraña Nilse María

6 - 1 Equipos para la exposición

Consulta las "Consideraciones generales..."

Equipos que presentan el lunes 11 (el número del equipo es el tema que les toca presentar). Recuerda que la segunda parte de la clase es el examen bimestral.

Equipo 1
Abdo Feres Yolanda
Azcárraga Ibargüengoitia Rogelio
García Saldaña Mónica Marlenne
Rangel Ochoa Ana Hellen

Equipo 2
Acosta Florencia María Del Pilar
Balcazar Núñez Fernando Arturo
Garza Izaguirre Clarissa
Reyes Martínez Ana Karina

Equipo 3
Bautista Rdz Grettel Esmeralda
Di Bella Pérez Guillermo Alejandro
Gómez Treviño Lizeth Alejandra
Rocha González Rocío Cecilia

Equipo 4
Blanco Reyes Odette
García Barrón Luis Felipe
Govela Atiye Magaly
Sigrist Herrera Jeanette

Equipo 5
Cárdenas Alanís Ana Graciela
García Vargas Javier
Jaime De La Serna Ana Rosa S
osa Herrera Mariela

Equipos que presentan el lunes 18
Equipo 6
Carranza Salas Marcela Diana
Knight Mendoza Enrique
Limón Pérez Cynthia Karen
Tudón Maldonado Martha Alicia

Equipo 7
Carrera Rueda Blanca Guadalupe
Lugo Nava Adrián Andrés
Naumov Brunel Geralyne Leonie
Valdez Suárez Miriam

Equipo 8
Chimely Del Ángel Monserrat
Moses Cardín José Carlos
Piña González Mariana
Vera González Diana Carolina

Equipo 9
Del Ángel Guerra Hilda Lisseth
Portes Chávez Luisa
Sánchez Coppola Ricardo Fernando

Equipo 10
Domínguez Martínez Sara Alicia
Ramírez Rocha Martha Eileen
Sánchez Lan Andrés

Consideraciones Generales para la exposición de temas

Listado de temas:
A) Pruebas racionales de la existencia de Dios.
1. Pruebas físicas
2. Pruebas metafísicas y morales

B) Increecncias
3. Ateísmo
4. Superstición
5. Gnosticismo
6. Esoterismo

C) Nuevos Movimientos Religiosos (elegir del libro de P. Bosch)
7. Movimientos de origen cristiano
8. Movimientos de origen oriental
9. Movimientos de origen esotérico I
10. Movimientos de origen esotérico II

Para los temas consultar los dos textos base que se encuentran en la Biblioteca
· Díez Cuesta, Margarita. Hacia un humanismo cristiano 3, Editorial Progreso, México, 1995.
· Bosch, Pedro. Para conocer las sectas. Editorial Verbo Divino, Navarra, 2001.

Indicaciones generales
· Prevee con tiempo (por lo menos el día anterior) el material necesario con el encargado de Audiovisuales que corresponda (en la mañana Pedro Martínez; en la tarde con Daniel)
· Tiempo máximo 9 minutos por equipo
· Este tema tiene tres calificaciones:
a) Exposición (seguridad, claridad, material, creatividad)
b) Informe (que sea síntesis, buena presentación, se puede mandar por correo, no hace falta que esté engargolado, solo grapado)
c) Reporte personal: cada alumno entrega un reporte (a mano, con pluma, no lápiz y letra legible) de las exposiciones de sus compañeros al fin de la clase de la última presentación. Contenido del reporte: a) título de la exposición; b) integrantes; c) contenido (un texto integre las respuestas a las siguientes preguntas: ¿Qué información relevante presentaron? ¿qué me llamó la atención? (tanto del material de apoyo, como de la presentación o del contenido); d) conclusión (opinión general del trabajo de los compañeros).

martes, 15 de enero de 2008

Sesión 3 (21 a 25 de Enero)

Entra al sitio del Vaticano, busca la Constitución Dogmática Dei Verbum (de los documentos del Concilio Vaticano II) e imprímela (no abrá control de lectura).

En clase vamos a trabajar en parejas.

Material por parejas: Copias de la Dei Verbum y Biblia, si a una pareja no trae el material completo se marcará como falta.

Si no encuentas la Dei Verbum haz click aquí.

martes, 8 de enero de 2008

Sesión 2 (14 al 18 de Enero)

La Fe: ¿Conocimiento o Sensación De Dios?

En el capítulo anterior hemos afirmado que el hombre está hecho para la relación con Dios Con otras palabras: Está hecho para la fe. Pero, ¿qué es la fe? Los catecismos que estudiaron nuestros padres tenían una parte titulada "las verdades que debemos creer"; y, de hecho, la mayoría de los cristianos conciben la fe como el asentimiento intelectual a determinados dogmas. La estructuración de tales catecismos como un catálogo de preguntas con sus correspondientes respuestas "ortodoxas", parece incluso un intento de medir cuánto se cree. Pero todo eso significa ignorar lo que es la fe. San Anselmo hablaba de una fe que todavía "no conoce".

Sé de quién me he fiado
Cuando al pueblo elegido se le preguntaba por su fe no se le ocurría responder con una serie de enunciados sobre Dios, el mundo y los hombres. Su respuesta era más bien relatar una historia y confesar que a lo largo de ella había palpado la presencia de Dios:

"Mi padre era un arameo errante... Los egipcios nos maltrataron y nos humillaron, y nos impusieron dura esclavitud (...) y el Señor escuchó nuestra voz (...) El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte (...) y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel" (Dt 26, 5-9).

Llega al extremo de que en hebreo ni siquiera hay una palabra que signifique lo mismo que nuestro "creer". El Antiguo Testamento utiliza generalmente el verbo 'aman, que significa "apoyarse en quien está firme". Por eso Isaías afirma: "Si no creéis, no estaréis firmes" (Is 7, 9). Creer es decir "amén" a Dios, fundar la existencia solamente sobre él, y es, por tanto, una actitud que incluye sentimientos de fidelidad personal, entrega absoluta, confianza osada, paciencia que nunca desespera... Esos son los rasgos que el autor de la Carta a los Hebreos destaca en los grandes testigos de la fe veterotestamentaria:

"Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber adónde iba Por la fe, (Moisés) salió de Egipto sin temer la ira del Rey; se mantuvo firme como si viera al Invisible.. . Por la fe soportaron burlas y azotes, y hasta cadenas y prisiones, apedreados, torturados, aserrados (...) hombres de los que no era digno el mundo" (Heb 11).

Nada tiene de particular que, recordando la confianza plena de Jesús en su "papá" (Abbá), sea designado como "el que inicia y consuma la fe" (Heb 12, 2). La fe es el resultado de un encuentro entre dos personas (el hombre y Dios), parecido -como nos dirá el profeta Oseas- a la relación matrimonial. San Pablo lo expresa maravillosamente cuando escribe: "Sé de quién me he fiado" (2 Tim 1, 12).

Por lo tanto, nadie puede tener fe por nosotros. Todo es diferente en la técnica. Basta, por ejemplo, que un científico, después de pacientes experimentos, descubra el antídoto contra una enfermedad para que todos los médicos del mundo se beneficien de esos resultados sin necesidad de que cada uno repita personalmente todo el proceso de la investigación. En el campo de la técnica podríamos dar la razón a Unamuno cuando dice: "Que inventen ellos."

Pero si la fe es, antes que nada, un encuentro con Dios, nadie puede ahorrarme mi propio encuentro personal. Los Santos Padres, cuando hablaban del conocimiento de Dios, solían emplear una expresión llamativa: "Sensación de Dios".

En una situación de cristianismo nacional, donde, teóricamente al menos, todos tienen fe, nunca se sabe si la tiene alguien de verdad, es decir, si se tiene fe en Dios o en quienes nos hablaron de él. Para los hombres nacidos en un ambiente cristiano, la fe consistirá en dejar de creer en sus maestros religiosos para creer directamente en Dios, igual que cuando los habitantes de aquella aldea samaritana pudieron decir a la mujer que les habló de Jesús: "Ya no creemos por lo que tú cuentas; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es realmente el Salvador del mundo" (Jn 4, 42).

De la fe a las creencias
A nosotros nos dijo Jesús que nadie "enciende un candil para meterlo debajo del perol" (Mt 5, 15), y por eso necesitamos contar a los demás la Buena Noticia de que hemos encontrado al Salvador del mundo. San Pedro decía a los cristianos que deben estar "dispuestos siempre a dar razón de su esperanza al que les pida una explicación" (1 Pe 3, 15). Y eso intentan las formulaciones de la fe. El "creo en Ti", se completa con el "creo que".

Ahora sí que hemos llegado a las verdades de la fe de los viejos catecismos. Las llamaremos creencias para distinguirlas de la fe misma que es ese encuentro amoroso con Dios. Y dejaremos bien claro que de nada sirven las creencias sin la fe. Sería como un paquete primoroso... que no envuelve nada. Santo Tomás de Aquino fue muy lúcido:

"Puesto que el que cree asiente a las palabras de otro, parece que aquel en cuya aserción se cree es como lo principal y como fin en toda fe; y, en cambio, secundarias aquellas verdades a las que uno asiente creyendo a otro."

Por otra parte, cuando intentamos expresar la fe en creencias, acabamos constatando, como el hijo de Sirah, que nunca logramos hablar convenientemente de Dios: "Siempre estará más alto" (Eclesiástico 43, 27-31). "Dios es más grande que nuestro corazón" (1 Jn 3, 20). Es como si intentáramos explicar a un ciego de nacimiento cómo es el color rojo. ¿Qué le diríamos? ¿Que es el color de la sangre? El nunca ha visto la sangre... ¿Que es el color que expresa la lucha, la energía...? Es inútil. Cuando el ciego creyera haber comprendido lo que es el color rojo tendríamos que decirle: Desgraciadamente, no es nada de lo que tú crees haber entendido: es "otra cosa".

Algo así nos ocurre con respecto a Dios. Ya Jenófanes hizo notar la dificultad de hablar del "totalmente otro":

"Los etíopes dicen que sus dioses son de nariz chata y negros; los tracios, que tienen ojos azules y pelo rojizo (...) Si los bueyes, caballos y leones tuvieran manos y pudieron dibujar con ellas y realizar obras como los hombres, dibujarían los aspectos de los dioses y harían sus cuerpos, los caballos semejantes a los caballos, los bueyes a los bueyes, tal como si tuvieran la figura correspondiente a cada uno."

Consciente de ello, san Agustín decía: "¿Crees saber qué es Dios? ¿Crees saber cómo es Dios? No es nada de lo que te imaginas. nada de lo que abraza tu pensamiento." Las "Florecillas de san Francisco" nos han transmitido una deliciosa anécdota:

"San Luis, Rey de Francia (. .) oyendo ]a grandísima fama de santidad de Fray Gil (...) deseó mucho verle (...) Avisó el portero a Fray Gil que un peregrino le llamaba y al mismo tiempo le fue revelado por Dios que era el Rey de Francia. Salió de la celda al instante, corrió con fervor a la portería, y aunque no se habían visto nunca. se arrodillaron sin más preámbulos, se abrazaron con grandísima devoción (...) y ninguno de los dos hablaba, sino que permanecían abrazados en silencio con aquellas demostraciones de caritativo amor. Después de estar largo tiempo de la manera referida, sin decir nada. se separaron el uno del otro (...) No os admiréis de esto, hermanos carísimos -explicó Fray Gil- porque ni yo a él ni él a mí nos podíamos decir palabra (...) mirándonos por disposición divina los corazones, conocíamos lo que nos queríamos decir mucho mejor y con más consuelo que si lo explicáramos con el habla, porque el lenguaje humano, por su deficiencia, no puede expresar con claridad las cosas secretas de Dios, y más hubiera servido de desconsuelo que de satisfacción".

Parece como si Fray Gil se hubiera adelantado siete siglos a la famosa afirmación de Wittgenstein: "De lo que no se puede hablar, mejor es callarse.". Pero el silencio es ambiguo. También calla sobre Dios el agnóstico y el ateo, nada más que por una razón muy diferente a la de Fray Gil. Por eso conviene que hablemos de Dios, aunque para hacerlo tengamos que destrozar el lenguaje, como san Agustín en una famosa oración:

"Eres nunca nuevo y nunca viejo (...), siempre obrando y siempre en reposo; siempre recogiendo y nunca necesitado (...) siempre buscando y nunca falto de nada (..) Amas y no sientes pasión; tienes celos y estás seguro; te arrepientes y no sientes dolor; te aíras y estás tranquilo."

Tal recurso a la paradoja no nace del capricho de dificultar la comprensión del creyente, sino que, con su misma apariencia de contradicción interna, constituye el único modo de poder atisbar algo de Dios. Diríamos que, lo mismo que la brújula busca siempre el polo y cuando la colocamos en la zona polar gira locamente, así también la razón humana apunta nerviosa, antinómicamente (Contradicción entre dos preceptos legales; Contradicción entre dos principios racionales.), cuando se la coloca en su "norte", que es Dios.

Crisis de fe
Quizá a la luz de lo anterior podremos reinterpretar lo que suelen llamarse "dudas de fe" y que, en realidad, son más bien "dificultades de creencias", dificultades con nuestras ideas sobre Dios. Las dificultades con las creencias no son peligrosas para quien tiene una experiencia personal de Dios, un trato amoroso con él. Como dijo el Cardenal Newman, "diez mil dificultades no hacen una duda".

Unas veces la fe se vive con entusiasmo: La persona de Cristo y su causa nos conmueven tiernamente. Pero otras veces, en cambio, todo es frialdad y sentimiento de la lejanía de Dios. No hay ningún místico que no se haya quejado alguna vez de haber sido abandonado por Dios. El gran maestro de tal experiencia es san Juan de la Cruz, que incluso le dio nombre inmortal: La Noche Oscura.

Quizá uno de los rasgos de nuestro tiempo sea la generalización de la noche oscura. Pero eso más debe esperanzarnos que deprimirnos: La Noche Oscura es una oportunidad para conocer mejor a Dios; acaba siendo siempre una purificación de nuestros pequeños "dioses de bolsillo", esos que Jenófanes advertía que hemos hecho a nuestra imagen y semejanza. El silencio de Dios señala la muerte de una imagen concreta de Dios, demasiado pobre, que nos habíamos fabricado y que, ante una situación nueva, no responde a nuestras expectativas, nos defrauda. El carácter chino que significa "crisis" resulta de la combinación del signo que dice "peligro" y del que simboliza "oportunidad". También la crisis de fe es a la vez peligro de rechazar a Dios, confundiéndolo con la imagen que rechazamos, y oportunidad de acercarnos más a él accediendo a una imagen nueva que sustituya a la antigua que se ha revelado defectuosa. Es la convicción de ·Tolstoi:
"Si te viene la idea de que es falso todo lo que pensabas sobre Dios y de que no hay Dios, no te asustes por eso. A muchos les sucede así. Si un salvaje deja de creer en su dios de madera, no es porque no haya Dios, sino porque el verdadero Dios no es de madera."

A veces -y basta repasar la vida de los místicos- la noche oscura dura años; siempre confiando en que volverá a llegar la luz y experimentando en carne propia lo de que la fe es la capacidad para soportar las dudas, a veces terribles. Ya decía santo Tomás de Aquino que la fe es "menos cierta" que el conocimiento porque las verdades de la fe "trascienden el entendimiento del hombre" ". A Santa Teresa del Niño Jesús, en su lecho de muerte, le venían estos pensamientos: "La muerte te dará no lo que tú esperas, sino una noche más profunda todavía, la noche de la nada." Y añadía:

"Debe pareceros un alma llena de consuelos, para quien casi se ha rasgado el velo de la fe. Y sin embargo., esto no es ya un velo para mí, es un muro que se alza hasta el cielo (...) canto simplemente lo que QUIER0 CREER ",
Para este estado de ánimo sigue siendo insuperable la norma de san Ignacio de Loyola: "En tiempo de desolación nunca hacer mudanza,"
Sin embargo, después de salir de la "noche oscura", el creyente siente que ha descubierto a Dios de una manera nueva. Puede decir como Job: "Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos" Job 42, 5)
La oportunidad que nos brindan las dudas de fe nos permite sacar una conclusión: Si hubo un tiempo en que nos acusábamos de "tener dudas de fe", hoy más bien deberíamos buscarlas a propósito, como la única manera de ir pasando del dios de madera al Dios de verdad. Santo Tomás de Aquino decía:
"Es necesario que aquel que quiera conocer cualquier verdad, conozca todas las dudas y dificultades que existan contra aquella verdad, porque en la solución de aquellas dudas se encuentra la verdad. Así que para saber verdaderamente ayudan mucho las razones de las tesis contrarias."
Decimos "ir pasando al Dios de verdad", y no "llegar", porque, como gustaban decir los teólogos medievales, "Dios es siempre mayor". San Gregorio de Nisa extiende esta inaccesibilidad de Dios incluso a la visión beatifica: "La verdadera visión de Dios consiste en esto: que aquel que levante los ojos a Dios no deja nunca de desearlo..., porque su ser es inaccesible."
"Busquemos, pues, como si hubiéramos de encontrar, y encontremos con el afán de seguir buscando."
Toda idea hacia Dios, si pretendemos convertirla en una idea de Dios, se vuelve mentirosa. La idea se convierte en un ídolo. Todo el rigor de la prohibición de Ex 20, 4 está justificado: "No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo." Junto a la idolatría plástica hay otra (no menos grave) mental, que consiste en rendir culto no a Dios, sino a los conceptos teológicos. Con más motivo que una fórmula química no es adecuada representación de un fenómeno vivo, debemos decir que la fórmula de un misterio no es el misterio mismo. Por eso es profundo el consejo que Herrmann Friedrich Kohlbrügg daba a su discípulo Wichelhaus: "Que no se entere tu camisa de que te tienes por un teólogo." "Pessimum miraculum", decía san Buenaventura de una teología que quiere "entender" demasiado: "El vino se transforma en agua."
La fe del carbonero
Semejantes afirmaciones podrían sugerir a no pocos enemigos de la inteligencia que la teología es perjudicial o, en el mejor de los casos, innecesaria. Entre tales personas prosperó y fue ensalzada la "fe del carbonero". No sin perplejidad nos enteramos de que Clemente XI condenó el 8 de septiembre de 1713 estas dos proposiciones de Pascasio Quesnel "como falsas, capciosas. malsonantes, ofensivas a los oídos piadosos, escandalosas, perniciosas, temerarias (...) sediciosas, impías, blasfemas, etc.":

- "Útil y necesario es en todo tiempo, en todo lugar y a todo género de personas estudiar y conocer el espíritu, la piedad y los misterios de la Sagrada Escritura."
- "La lectura de la Sagrada Escritura es para todos".

Y Melchor Cano, en el informe que dio a la Inquisición para que se condenara el Catecismo de Carranza, afirma que es "absolutamente condenable la pretensión de dar a los fieles una instrucción religiosa que sólo conviene a los sacerdotes" y "poner en romance tanta teología" .

De la fe del carbonero es un ejemplo notorio aquel sorprendente diálogo del Catecismo de Astete:
P.-Además del Credo y los Artículos (de la la fe), creéis otras cosas?
R.-Sí, padre; todo lo que está en la Sagrada Escritura y cuanto Dios tiene revelado a su Iglesia.

P.- ¿Qué cosas son éstas?
R.-Eso no me lo preguntéis a mí, que soy ignorante; doctores tiene la Santa Madre Iglesia que lo sabrán responder.

P.-Bien decís: que a los doctores conviene, y no a vosotros, dar cuenta por extenso de las cosas de la fe: a vosotros bástaos dar la de los Artículos, como se contienen en el Credo."

Eso es lo que Fray Luis de Granada -en un libro que en la España de 1560 "las niñas del cántaro lo traían bajo el brazo y las fruteras y verduleras lo leían cuando vendían y pesaban la fruta" - llamaba irónicamente "creer a bulto y a carga cerrada lo que sostiene la Iglesia".

La Iglesia siempre ha afirmado, y Trento lo proclamó solemnemente, que "la fe es el principio de la salvación humana, el fundamento y raíz de toda justificación", Pero pretender que una fe que ni siquiera sabe lo que cree pueda salvarme, ronda la magia.

Difícilmente podrá atribuirse alguna eficacia histórica a una fe tal. Nosotros pensamos que la "fe del carbonero" sólo es buena para el "carbonero", o sea, para aquel que no puede tener otra. Afortunadamente siempre hubo en la Iglesia una "fides quaerens intellectum", una fe que busca entender. Santo Tomás de Aquino escribió:

"Si resolvemos los problemas de la fe sólo por el camino de la autoridad, poseeremos ciertamente la verdad, pero en una cabeza vacía."

La fe libera, las creencias atan
Pensamos que la distinción hecha aquí entre fe y creencias puede iluminar a muchos hombres que quizá hasta hoy se han creído heterodoxos e incluso llegaron a dudar de su fe. Hombres, por ejemplo, como Unamuno que en su "diario íntimo" escribió:

"Perdí mi fe pensando en los dogmas, en los misterios en cuanto dogmas; la recobro meditando en los misterios; en los dogmas en cuanto misterios".

Este tipo de personas tienen derecho a ocupar un puesto dentro de la Iglesia. Y los demás cristianos, los que no tienen dudas (¿existirá alguno?), tienen obligación de reconocerles como tales. También la distinción entre fe y creencias tiene una importancia muy grande para el ecumenismo. Puesto que la Iglesia es una comunidad de fe, y no de doctrina, no existe fundamento suficiente para que la diversidad de opiniones sobre las cuestiones doctrinales haga imposible la unidad en la fe y en el Espíritu. El talante dogmático es el culpable de la mayoría de las rupturas de la historia cristiana.
GONZÁLEZ-CARVAJAL, Luis, Esta es nuestra Fe. TEología para universitarios.

Lectura de la Sesión 1 (de 7 al 11 de Enero)

¿Qué significa “creer”?

Admitido: los enunciados de la fe no tienen el mismo carácter que las leyes matemáticas o físicas. Su contenido no puede ser demostrado, ni como en las matemáticas ni como en la física, por evidencia directa o por el experimento ad oculos. Pero la realidad de Dios tampoco sería la realidad de Dios si fuese tan visible, aprehensible, comprobable em­píricamente, si fuese verificable experimentalmente o deducible matemática y lógicamente. “Un Dios que existe no existe”, dijo una vez con razón el teólogo evangélico y miembro de la Resistencia Die­trich Bonhoeffer. Pues Dios -entendido en lo más profundo y últi­mo- no puede ser nunca simple objeto, cosa. Si lo fuese, no sería Dios. Dios sería entonces el ídolo de los hombres. Dios sería un exis­tente entre existentes, y el hombre podría disponer de él, aunque sólo fuese intelectualmente.

Dios es por definición el in-definible, el i-limitable: una realidad li­teralmente invisible, inconmensurable, inaprehensible, infinita. Es más: Dios no es una dimensión de nuestra realidad pluridimensional sino que es la dimensión “infinito”, recónditamente presente en todos nuestros cálculos diarios, aunque no la percibamos..., excepto en el cálculo infinitesimal que, como es sabido, forma parte de las mate­máticas superiores.

La dimensión “infinito”, no sólo matemática, sino también real, ese campo de lo inaprehensible e inconcebible, esa invisible e incon­mensurable realidad de Dios, no es racionalmente demostrable, por más que lo hayan intentado los teólogos y a veces también los cientí­ficos, contrariamente a la Biblia hebrea, contrariamente al Nuevo Testamento y contrariamente al Corán, libros todos ellos en los que la existencia de Dios no se demuestra nunca de modo argumentativo. Desde una perspectiva filosófica, Immanuel Kant tiene razón: nuestra razón pura, teórica, no llega tan lejos. Ligada al espacio y al tiempo no puede demostrar lo que está fuera del horizonte de nuestra expe­riencia espacio-temporal: ni que Dios existe ni -y esto suelen pasar­ lo por alto los ateos- que Dios no existe. Tampoco ha aportado nadie hasta ahora una prueba convincente de la no-existencia de Dios. Indemostrable no es sólo la existencia de Dios, sino también la existencia de la nada.

Por eso rige lo siguiente: nadie está obligado racional-filosófica­mente a suponer la existencia de Dios. Quien quiera suponer la exis­tencia de una realidad meta-empírica “Dios”, no puede hacer otra cosa que aceptarla sin más, prácticamente. Para Kant, la existencia de Dios es un postulado de la razón práctica. Yo prefiero hablar de un acto del hombre entero, del hombre dotado de razón (Descartes) y de corazón (Pascal), más exactamente: de un acto de confianza razonable que, si no tiene pruebas rigurosas, sí dispone de buenas razones; del mismo modo que esa persona que, tras ciertas vacilaciones, acepta con amor a otra persona, sin tener, en rigor, pruebas estrictas de esa con­fianza suya, pero sí -salvo en los casos de un fatídico “amor cie­go”- buenas razones. Mas la fe ciega puede tener consecuencias tan desastrosas como el amor ciego.

La fe del hombre en Dios no es, por tanto, ni una demostración racional ni un sentir irracional ni un acto de decisión de la voluntad, sino una confianza fundada y" en ese sentido, razonable. Ese confiar razonadamente, que no excluye el pensar, preguntar y dudar y que concierne a un mismo tiempo al entendimiento, a la voluntad y al sen­timiento, es lo que se llama, en sentido bíblico, “creen>. No una sim­ple aceptación de la verdad de ciertas proposiciones, sino un com­promiso del hombre, del hombre entero, primariamente no con esas proposiciones sino con la realidad misma de Dios. Es la distinción que ya hizo el gran Doctor de la Iglesia latina Agustín de Hipona: no sólo un “creer algo” (aliquid credere), ni sólo un “creer a alguien” (crede­re alicui), sino “creer en alguien” (credere in aliquem). Es eso lo que significa la palabra “credo”: “creo”,
- no en la Biblia (digo esto contra el biblicismo protestante), sino en aquel de quien da testimonio la Biblia;
- no en la tradición (digo esto contra el tradicionalismo ortodo­xo orienta!), sino en aquel que es transmitido por la tradición;
- no en la Iglesia (digo esto contra el autoritarismo católico-ro­mano), sino en aquel que es objeto de la predicación de la Iglesia;
- o sea, y ésta es nuestra confesión ecuménica: credo in Deum: creo en Dios.

Ni el símbolo de la fe es tampoco la fe misma sino sólo expresión, formulación, articulación de la fe; por eso se habla de “artículos de la fe”. Y sin embargo el hombre contemporáneo me preguntará: “Quien sigue creyendo hoy en Dios ¿no invalida el espíritu de la Ilustración? ¿No vuelve a caer, lo quiera o no, en la Edad Media o, por lo menos, en la época de la Reforma? ¿No se olvida, no se reprime así toda la crítica de la religión que ha llevado a cabo la modernidad?

Credo, Hans Küng, Editorial Trotta, Valladolid, 1994
Extracto del capítulo 1.

Complemento:

Símbolo de los Apóstoles:
Llamado así porque resume fielmente la fe de los Apóstoles. Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, la que formó Pedro. De la verdad de estas creencias dio testimonio con su vida San Estaban, el primer martir (el verbo griego martureo significaba ser testigo, dar fe). Después Santiago, el hermano de Juan. Después y ya en Roma, Pedro mismo, y Pablo, y muchísimos más.

Creo en Dios,
Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
Y en Jesucristo,
su único Hijo,
nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado,
muerto
y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

Símbolo de Nicea - Constantinopla (niceo constantinopolitano)
Se le llama así porque es una fusión de los credos redactados en el Concilio de Nicea (325) y en el Concilio de Constantinopla (381). Estos concilios defendieron la verdadera naturaleza de Jesús frente a dos herejías: el Arrianismo negaba la naturaleza divina de Cristo, y el Monofisismo su naturaleza humana. Apoyándose en la tradición que les había llegado desde los Apóstoles, los concilios condenaron ambas herejías y declararon que Jesús era ciertamente verdadero Dios y verdadero hombre. El Catecismo nos explica (Nos. 245-7) que la afirmación de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (en el texto latino: Filioque) no figuraba en en el símbolo confesado el año 381 en Constantinopla. Pero sobre la base de una antigua tradición latina y alejandrina, el Papa San León la había confesado dogmáticamente el 447, antes incluso que Roma conociese y recibiese el símbolo de 381, en el Concilio de Calcedonia del año 451. El uso de esta fórmula en el credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina. Sin embargo, todavía hoy, es un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas.

Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, La Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día,
según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su Reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración
y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén